Entrar a la antigua Escuela José Castellanos en los años sesenta significaba formar parte de una comunidad pedagógica en la que el espacio físico enseñaba tanto como la pizarra. Los pupitres de madera y hierro fundido no eran muebles solitarios, sino instrumentos deliberados de convivencia y fraternidad campesina.
El acto oficial de entrega del mobiliario escolar
En los archivos del Listín Diario reposa la reseña gráfica que documenta la dotación de pupitres bipersonales entregados por las Fuerzas Armadas a nuestro plantel escolar. En la ceremonia, la directora Doña Luz Mercedes Ruiz de Francisco aparece con postura cívica, acompañada de los abnegados maestros Enrique Disla Cabrera y Leonor Gómez, recibiendo los recursos para su alumnado.
La pedagogía de compartir el mismo asiento
Aquel mueble de dos plazas obligaba a sincronizar el tintero, sostener el cuaderno de caligrafía y resolver las diferencias cotidianas hombro con hombro. En esa estrechez noble se forjaron amistades que aún perduran en la memoria viva de Rincón Caliente y los parajes vecinos de Puerto Plata.
Evidencias materiales que el tiempo no borra
Someter estas evidencias al juicio de los guananiqueños de hoy permite valorar el esfuerzo colectivo que costó levantar la educación rural. Cada tabla carcomida y cada tornillo de aquellos bancos encierran el testimonio tangible de un magisterio ejercido con riguroso sentido del deber cumplido.

